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José Luis Linaza, miembro del Observatorio del Juego, detalla la situación de los niños de Perú durante el estado de cuarentena y cómo el juego fue vital para su desarrollo y formación en estas semanas.

Las redes de ludotecas del Perú son un excelente recurso que permite a miles de niños y niñas de la costa, la sierra y la selva ejercer su derecho al juego. Desde ya una década, los voluntarios de las comunidades y los estudiantes de diferentes universidades, institutos tecnológicos y escuelas de bellas artes consiguen que, en espacios y tiempos concretos, niños y niñas puedan jugar. Esas horas de juego tienen un efecto muy positivo en su desarrollo físico, en su capacidad de imaginar mundos posibles, en su razonamiento lógico y en su interacción social. Jugando se hacen amigos y construyen importantes tejidos sociales. Muchas familias comprueban estos efectos positivos sobre sus hijos e hijas y se suman al esfuerzo por mantener funcionando las ludotecas. Los voluntarios disfrutan viendo el efecto que su tiempo y su dedicación tiene sobre el desarrollo de otros seres humanos. Y cada año, la gran fiesta es la llegada de los juguetes de la Fundación Crecer Jugando dona a las ludotecas. Con frecuencia, la colaboración en las actividades con los niños se proyecta hacia otros problemas de la comunidad y el tejido social de la colaboración crece en nuevas e importantes direcciones.

Con la pandemia provocada por el coronavirus, tuvimos que suspender la actividad de todas las ludotecas para evitar el riesgo de transmisión y contagio. Pocas fechas después, el 15 de marzo, el presidente Vizcarra declaró el estado de emergencia y el toque de queda en todo el país. A petición de los propios niños mantuvimos algunas actividades lúdicas por internet. Con el comienzo del curso escolar y el programa del Ministerio de Educación Aprendo en casa nos dimos cuenta de que tiempo, ordenadores y teléfonos móviles debían dedicarse preferentemente a esa tarea. Los niños y las familias nos pidieron apoyo en esta experiencia de educación virtual, que era nueva para todos. Los voluntarios diseñaron actividades de apoyo a los programas oficiales, manteniendo un carácter lúdico, pero adaptándose a los contenidos y objetivos del programa oficial. La experiencia está siendo muy exigente, pero también muy gratificante para todos. Directores y directoras de los colegios evalúan previamente las actividades propuestas y se las hacen llegar a sus alumnos. Cuando no hay internet, hemos acudido a los móviles de las madres trasformando algunos de los documentos del Ministerio en mp4 y PDFs para que puedan llegar así a aquellos alumnos que no disponen de wifi. Incluso hemos llevado a cabo una pequeña campaña Recárgame de educación para que los niños puedan enviar sus trabajos a los profesores por el móvil de sus madres.

Finamente hemos mantenido la participación directa de los niños en actividades lúdicas. El 28 de mayo, Día Internacional del Juego, logramos poner en marcha un Festival internacional con payasos, cuentos, música, canciones, bailes, juegos, etc. en el que participaron más de 4.000 personas. Tuvieron ocasión, incluso, ¡de ver cómo se fabrican las muñecas que a ellos les llegan desde España!

La experiencia de ese día nos ha servido para establecer otras celebraciones de disfraces, cuentos, danzas y bailes, dibujos, etc. En este final de julio han querido celebrar, también virtualmente, sus Fiestas Patrias. Disfrazados de heroínas y héroes descubren jugando una parte importante de la historia del Perú. Jugando contra el coronavirus refuerza la idea de protegerse y cuidarse para proteger y cuidar a otros, especialmente a los mayores. Pero también les proporciona la experiencia de hacer juntos una verdadera celebración del juego y la amistad.

Gracias niños, gracias voluntarios y gracias familias que hacéis posible este pequeño milagro de cada día.

José Luis Linaza (Observatorio del Juego, Fundación Educación y Desarrollo, Universidad Autónoma de Madrid)